La combustión de gas licuado, aunque es un proceso más limpio que el de los derivados del petróleo, presenta una característica técnica que debe ser gestionada correctamente: la ausencia de agentes lubricantes naturales en el combustible y una temperatura de combustión ligeramente superior. En motores con asientos de válvula de materiales convencionales, esto puede derivar en un fenómeno conocido como recesión de válvula, donde el impacto constante a alta temperatura provoca un desgaste prematuro del asiento y la pérdida de estanqueidad de la cámara de combustión.
La solución técnica más efectiva consiste en la aplicación sistemática de aditivos protectores mediante sistemas de dosificación electrónica. Estos compuestos químicos no actúan simplemente como un lubricante convencional; su ingeniería está orientada a la creación de una capa de protección molecular o "cushioning effect" sobre la superficie del metal. Esta película protectora es capaz de soportar las altísimas presiones y temperaturas del punto de ignición sin degradarse ni carbonizarse, actuando como una barrera de sacrificio que absorbe el impacto de la válvula contra su asiento. Al integrar estos sistemas de protección dosificados con precisión, se logra que el desgaste del tren de válvulas se reduzca a niveles prácticamente idénticos a los del funcionamiento con gasolina. La implementación de esta tecnología es, en esencia, un seguro preventivo que garantiza que, tras cientos de miles de kilómetros, la compresión del motor permanezca constante y el rendimiento original del fabricante se mantenga inalterado, permitiendo disfrutar de la economía del gas sin comprometer la longevidad del bloque motor.

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